Sensibilidad
“No puedo dormir. Qué lata ser tan sensible… O, simplemente, tan estúpida” Frida Kahlo

A medida que pasan los años se desvanece la ingenuidad con la que en mi infancia solía ver el mundo. Me percato con cierto asombro de cómo la sociedad en su conjunto ha dejado de sentir. En ocasiones salgo a la calle y me encuentro perdida en una inhóspita cotidianidad. La gente empuja, grita, mira con recelo, apenas sonríe, parece que las palabras “perdón” y “gracias” se han convertido en términos “tabú”. La cortesía es objeto de burla, está pasada de moda. En cambio la mala educación es trending topic, y a menudo se camufla apelando a la libertad de expresión que, en estos días, es prácticamente imposible distinguirla de las faltas de respeto.

Se premian la agresividad, la competitividad sin escrúpulos, el ruido, la ignorancia. Hoy más que nunca, se premia la cobardía. Son valientes aquellos que, cobijados por el anonimato de las redes sociales, se asoman a Twitter y despotrican sobre lo que les parece injusto. A la gente se le llena la boca al hablar de derechos, de “sus derechos”, pero, ¿quién asume responsabilidades?, ¿quién menciona las obligaciones que van de la mano de cualquier derecho reclamado?

El mal humor, la ira y la frustración se palpan en el ambiente. La soberbia se ha convertido en el pan nuestro de cada día. La sociedad se ha inmunizado y ha normalizado las faltas de respeto. En este círculo vicioso de energías negativas, de pesimismo y desesperanza nos movemos todos. Pero al llegar a casa, cuando nos quedamos a solas con nuestro auténtico ser, cuando no hay nadie al que culpar y el silencio nos pone cara a cara con nuestros pensamientos, aparecen los miedos. Miedo a nosotros mismos, miedo al futuro, miedo a lo inesperado. Solamente los verdaderos valientes aceptan el miedo sin volcar su angustia existencial en la persona que tienen al lado. En cambio, los cobardes ningunean a los demás y proyectan sus inseguridades y desarreglos emocionales en el otro. Quiero conservar la esperanza y creer que en esta vida todavía hay más valientes que cobardes.

Aunque sea un tópico, los problemas solo pueden solucionarse con amor. Lo que ocurre a gran escala es un reflejo de lo que sucede en las vidas de cada uno de nosotros. Si el individualismo llevado al extremo prevalece en las interacciones cotidianas, es de esperar que haya desigualdades, es de esperar que el odio y los celos campen a sus anchas, y que la bondad tan solo aparezca por arte de magia al final de los cuentos de hadas.

Últimamente contemplo perpleja cómo vamos construyendo un mundo basado en la ilusión del éxito personal, la prosperidad material, la vanidad y la avaricia, a costa de sacrificar el respeto, la empatía y la compasión. No habrá forma de paliar la desazón, el vacío que experimentamos en lo más profundo de nuestro ser, si no dejamos un hueco en nuestras vidas para la sensibilidad.

Diana Fe ©

 

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