phone

Pasó por delante la mujer de su vida, pero no la vio. Tampoco contempló los cobrizos rayos de sol escondiéndose detrás de los tejados, despidiéndose de un día irrepetible. No se fijó en los niños corriendo a su alrededor, a pesar de que le regalaron bonitas ingenuas sonrisas. No escuchó las campanadas de la iglesia, ni los petardos inaugurales de las fiestas del pueblo. Ni siquiera percibió el olor a pólvora…

Todos los sentidos quedaron anestesiados y, por unos segundos, los que tardaron sus pulgares en deslizarse por el teclado, la vida pasó ante sus ojos y él se la perdió. Cuando levantó la cabeza, dispuesto a enmendar el error, ya era demasiado tarde. Reinaba una incómoda quietud. Un bullicioso silencio que sentenciaba el desaprovechamiento de una oportunidad, unos instantes decisivos que pudieron cambiar el rumbo de su destino pero que quedaron reducidos a la escritura de un whatsapp.

El teléfono móvil vibró. El corazón le dio un vuelco.

“Tienes dos mensajes nuevos”.

Diana Fe ©

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