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“Las letras me embaucaron desde el principio. Flotaban en el humeante caldo de la sopa, esperando a que introdujera mi cuchara, para crear un arsenal de palabras”

Recuerdo el día en el que decidí crear mi propio blog, hace ya dos años. Como todo aquel que se embarca en una nueva aventura, yo me enfrentaba a la incertidumbre y tenía ciertas reticencias a la hora de expresar mis ideas y mis pensamientos en el vasto y complejo mundo que es internet. Sin embargo, la ilusión era tan grande que superaba a cualquier miedo que pudiera albergar, y lo hice; cliqueé con el ratón el botón de “crear” y apareció ante mí la primera página en WordPress como un lienzo en blanco que yo me propondría llenar de letras con relativa frecuencia. Así empecé a publicar y a cogerle el gustillo. Además, me divertía – y aún me divierte – ser la artífice del estilo de mi propio blog, de la marca Sopa de Letras y Relatos.

En sí, fue todo un proceso de aprendizaje, ya no solo por el hecho de “forzarme” a ser creativa con cierta asiduidad para ofrecer contenido de buena calidad a mis lectores, también tuve que aprender a manejarme en las redes sociales y en el gremio de los bloggers. No obstante, de forma paralela a este aprendizaje, está otro del que casi nadie habla: ser fuerte ante la competencia. ¿A qué me refiero con esta frase? No al hecho de interactuar con otros blogueros y compartir las aficiones que se tengan en común, sino a saber lidiar con la presión de miles de millones de internautas que como yo son apasionados de la literatura y la escritura y hacen lo posible por alcanzar sus sueños. Al hablar de presión me refiero fundamentalmente a los estándares por los que actualmente se mide el éxito: número de seguidores en las redes sociales, los likes y los comentarios positivos, o incluso la cantidad de libros (la gran mayoría autopublicados) que se venden, y es aquí cuando aparecen las dudas después de haber estado dos años escribiendo en este blog. A veces, no puedo evitar preguntarme “¿será suficiente?”, “¿no debería tener más éxito?”, “¿estaré escribiendo lo que la gente quiere leer?”. Afortunadamente, cuando apago el ordenador y escapo del bullicio cibernético – en el que todo el mundo es perfecto y escribe como si del mismísimo Cervantes se tratara -, mi mente se esclarece y puedo reflexionar. En verdad, la calidad literaria – y quizá esto sea una verdad incómoda para muchos -, no se mide por el número de seguidores o likes que se aglutinen en las redes sociales. Además, hoy en día la autopublicación, que si bien es una herramienta excelente para los escritores que tienen el sueño de ver sus escritos materializados en un libro, puede a su vez restar originalidad y cierto mérito al hecho de publicar ya que el requisito no es tanto el talento sino desembolsar una determinada cantidad de dinero. Por último, a menudo me pregunto, ¿qué es ser escritor? O, si ser escritor se concibe como un continuo que va de menos a más, ¿quién es más escritor, el que solo escribe o el que publica libros? La respuesta, para mí, es ambos. Tan escritor es aquel que escribe todas las noches en un diario, como quien vende sus best-sellers como si de rosquillas se tratase. La tendencia predominante sin embargo, es creer que tiene más prestigio o es más literato la persona que tiene más éxito en las redes sociales y publica más, que la persona que disfruta escribiendo en su intimidad y cuyas palabras no salen de ese ámbito.

Terminaré esta reflexión hablando del magistral autor inglés William Shakespeare. Todos somos conocedores de sus obras y su nombre es tan famoso, que cuesta creer que en vida mostrara nulo interés por la preservación de sus manuscritos, los cuales se conservan gracias a la iniciativa de dos de sus amigos de reunirlos en un First Folio. Por tanto, no se trata de buscar atajos o caminos fáciles hacia el éxito – a menudo me digo a mí misma -; se trata de continuar el camino escribiendo y haciendo lo posible por perfeccionar la técnica, evolucionando, pero a la vez tratando de mantenerme fiel a mi estilo.

Diana Fe ©

4 comentarios en “Qué difícil es mantenerse fiel al estilo propio

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