La mayoría de los españoles considera que la situación política en nuestro país está mal o muy mal. Hace aproximadamente un año la causa de este pesimismo se llamaba bipartidismo. Ahora convendría hablar de un tetrapartidismo incapaz de alcanzar un acuerdo. Una incapacidad que, por otro lado, han sabido utilizar estupendamente los medios de comunicación para promocionar debates políticos repetidos hasta la saciedad sobre conjeturas e hipótesis bastante inverosímiles (acuérdense, por ejemplo, del famoso “Pactómetro” de Ferreras… ).En la intensa lucha por evitar los nuevos comicios a los que estábamos destinados, se barajó una “Gran Coalición”, un gobierno “a la portuguesa” e incluso se intentó nombrar a un presidente a toda costa, a pesar de no disponer de los apoyos necesarios. Si sólo pudiera utilizar una palabra para definir la que ha sido la legislatura más corta de la historia española, esa sería obstinación. Con el resultado de las elecciones del 20 de diciembre era factible sacar un gobierno adelante si el objetivo principal de los cuatro partidos predominantes hubiera sido la colaboración en vez del entorpecimiento. Muchos creyeron que el auge de nuevas formaciones políticas sería la panacea para acabar con el viejo sistema y así salvar a España de los efectos de la crisis, los recortes y la corrupción. Para bien o para mal, la situación política ha cambiado considerablemente en estos últimos dos años. Se acabaron las mayorías absolutas, hay nuevos matices entre los veteranos rojo y azul y las tonalidades del mapa político representan mejor los ideales de una sociedad diversa como lo es la española. La teoría es bonita, ¿verdad? ¡Qué pena que de nuevo falle la práctica! Está visto, hay cosas que permanecen en el tiempo y que probablemente no se deban a la clase de partidos que encabezan el “Top 4” de los más votados, sino a una falta de empatía hacia las necesidades de la ciudadanía.

Asumido el fracaso que supone volver a votar en tan solo dos semanas, los discursos políticos se repiten como discos rayados en nuestros televisores. Cambian las palabras en comparación con la anterior campaña electoral, pero la cadencia al hablar de los principales candidatos es tan monótona y soporífera como hace seis meses. Si algo me divierte especialmente de todo esto, es escuchar a los del PP autodenominarse de centro-derecha, a Iglesias acudir a los actos públicos con una corbata para intentar convencernos de que su partido encarna la nueva social democracia, a los candidatos del PSOE negar el avance de Unidos Podemos que pronostica el CIS y a Ciudadanos tratando de sonar convincente para no desengancharse del puesto que ocupa dado que las encuestas no le favorecen especialmente. Y entre promesas a la población y críticas a los adversarios, los partidos se hacen un lavado de imagen, emiten mensajes positivos y muestran cercanía hacia los ciudadanos. Sin embargo, la situación es ahora más delicada que en diciembre. El comportamiento que nuestros políticos han mostrado durante estos meses y sus intentos de alianza incrementan las dudas de los electores sobre si renovar su voto de confianza con el mismo partido o no. Muchos analistas políticos coinciden en que la clave ya no es votar a quien más te represente, sino considerar con quien puede pactar antes de introducir la papeleta en la urna. Ya disponemos de unas pinceladas sobre los posibles acuerdos que se pueden alcanzar, aunque siempre hay sorpresas, claro. ¿Y cómo despejar las dudas al respecto? Muy sencillo, debatiendo.

    

En formato americano, moderado por los presentadores más conocidos del país y emitido en todas las cadenas de televisión, ayer tuvo lugar el esperado debate a cuatro. El espectáculo estaba servido: programas especiales, comentaristas discutiendo la jugada en los descansos, medición escrupulosa de los tiempos de intervención de cada político, etc. Y qué decir de los cuatro actores, de su actuación anoche a los premios Goya sólo hay un paso. Se habían estudiado hasta el pie de página de sus respectivos discursos e imagino que la coreografía de gestos tampoco fue espontánea. Me mostraría más entusiasta con este debate de no ser porque lo único original que encontré en él fue la presencia de Mariano Rajoy (se ha hecho de rogar, sí). En general la naturalidad de los candidatos brilló por su ausencia, destacaron las temáticas trilladas de siempre y las menciones a la defensa de los derechos humanos o a la crisis migratoria fueron mínimas. Tengo la sensación de haber presenciado un show más que un debate político.

Me gustaría incitarles a hacer una reflexión final sobre el producto televisivo de ayer:

¿Aprendieron algo nuevo?

¿Les parecieron convincentes los argumentos de los candidatos?

¿Echaron algún asunto en falta?

¿Ha cambiado su postura política de ayer a hoy?

¿Se ha reafirmado en su voto?

Diana Fe ©

 

2 comentarios en “¿La política se hace debatiendo?

  1. ¡Enhorabuena,Diana!
    Leer tus reflexiones o tus relatos me produce una alegría infinita. Me siento feliz de haberte tenido en nuestras aulas y de haber aprendido de ti,una excelente alumna y persona. Como docente no puedo pedir más.
    Gracias por recordarnos que nuestro trabajo merece la pena.
    Un abrazo,
    Silvia

    Le gusta a 1 persona

    1. ¡Qué alegría encontrar un comentario tuyo por aquí, Silvia!
      Gracias por esas palabras tan bonitas, ya sabes que tú eres muy responsable de mi afición por la escritura. Recuerdo con muchísimo cariño tus clases y tus consejos, como alumna yo tampoco puedo pedir más 🙂
      Espero que nos veamos pronto!
      Muchos besos

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s