“Un niño, un profesor, un libro y un lápiz pueden cambiar el mundo. La educación es la única solución”

Malala Yousafzai

Julia
Julia, la estudiante de la calle del Pez (Madrid)

En la calle del Pez, apoyada en una pared, descalza y con semblante pensativo, Julia espera. Espera a que la situación cambie, poder entrar en un aula sin ocultar su apariencia física y compartir con otros estudiantes el gusto por el conocimiento. La joven Julia no se cansa de aprender y decidida a acudir al templo del saber, se viste con ropas de hombre y disimula sus andares femeninos, implorando al cielo no ser descubierta en un sistema educativo restringido al que, por aquel entonces, sólo tenían el acceso permitido los varones.

 

Corría el año 1840 cuando Concepción Arenal comenzó a acudir como oyente a la Universidad Central de Madrid para poder estudiar Derecho. Lo que ahora nos parece un evento corriente, en aquella época fue toda una hazaña para la escritora que decidió saltarse la norma, vestirse con ropas masculinas y sentarse en el pupitre como un(a) alumno más.  Hace dos siglos el papel de la mujer en la sociedad estaba reducido al cuidado de un marido, los hijos y la casa, ¿acaso eran necesarios los libros? Les puede parecer que no estoy contando nada nuevo, que los acontecimientos forman parte de una cultura retrógrada (en teoría ya superada) y lejana en el tiempo; pero si en la actualidad las mujeres podemos estudiar con comodidad, es gracias a las mujeres que en su día se arriesgaron a entrar en las aulas a pesar de no ser bien recibidas y fueron pioneras en negarse a cumplir con el rol femenino establecido.

No obstante, esta situación que actualmente forma parte de la historia española, es todavía realidad en un gran número de culturas. Ya sea por una ley, por una norma o tradición familiar, no sorprende encontrar fuera de nuestras fronteras a niñas que tienen vetado el derecho a la educación. En noviembre del año pasado, Amnistía Internacional hacía un llamamiento por las niñas de Sierra Leona, a las que se les había prohibido acudir a la escuela si estaban embarazadas e incluso lo/as profesores/as las sometían a denigrantes exploraciones físicas con tal de descubrir posibles embarazos. En Afganistán más de un centenar de chicas han sido envenenadas con gas mientras estaban en el colegio y, aunque se desconoce el autor de semejante atrocidad, algunos medios apuntan a los grupos radicales que se oponen a la educación de las mujeres en el país. En contra de lo que muchos creen, esta sinrazón no hace sino perjudicar al colectivo entero que la consiente,  y eso incluye tanto a hombres como a mujeres. La educación a las niñas y mujeres no sólo favorece al desarrollo de sus vidas, sino que repercute positivamente en el avance y crecimiento económico de la sociedad, se reduce la pobreza y las tasas de mortalidad (especialmente infantil) disminuyen. Obstaculizar deliberadamente el acceso a las aulas a la mitad de la población va en detrimento del 100% de la misma. En algo falla la estadística.

educación sierra leona

Formo parte del selecto sector de mujeres que disfrutan de una educación libre e igualitaria por el hecho de haber nacido en el lugar adecuado en el momento oportuno. Y aunque el día de mañana cobre menos por hacer el mismo trabajo que un hombre y la cuantía de mi pensión sea injustificadamente más baja, debo mostrarme agradecida por no tener que acudir a clase ocultando mi nombre o por no estar sometida a ataques que atentan contra mi integridad física y mental, cada vez que pongo un pie en el aula.

Diana Fe ©

Un comentario en “Educación para todas

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