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Escondido detrás del viejo roble, el ladrón empuñaba el arma con fuerza preparado para disparar a cualquiera que se interpusiera en su camino. Al oír los pasos de los policías se agazapó y se ocultó entre la maleza. Aunque no les veía sabía que andaban cerca, al acecho… Conocía su astucia de anteriores ocasiones, pero él, experimentado en las artes del hurto, había trazado un plan infalible. Aguardó a que sus pasos se alejaran y cuando se sintió seguro, asomó la cabeza y comprobó satisfecho que ya se hallaban lejos. “Es ahora o nunca”, se dijo. A pesar de los dolores punzantes de la herida que tenía en la rodilla, se puso en pie y respiró profundamente dispuesto a salir raudo y veloz de su escondite.

Los policías no tardaron en descubrirle y comenzaron a disparar, ansiosos por darle caza. Pero el intrépido ladrón que era increíblemente ágil, continuó con su carrera rumbo al cobertizo de la casa. ¡Pum! ¡Pum! Sonaban los disparos y él se agachaba sin apenas  desacelerar  para evitar que las balas le alcanzaran. Llegó al cobertizo jadeando, con la camiseta empapada en sudor. Tiró de la puerta con fuerza y la cerró de un golpe seco antes de que los policías lo descubrieran. Inmóvil en la oscuridad, se tomó unos segundos para observar el panorama a través de las rendijas de la pared de madera. Una nube grisácea se cernía sobre el campo, el viento hacía remolinos en el césped y el olor a humedad impregnaba el ambiente. La zona estaba despejada, no había rastro de los policías. Si quería hacerse con el botín debía darse prisa y hacerlo antes de que la lluvia truncara su plan. Se sacudió las briznas de hierba que se le habían quedado prendidas, abrió la puerta con cautela y se cercioró de que no había moros en la costa. La casa estaba a cinco metros de distancia, apenas tardaría unos segundos en llegar. Una de las ventanas estaba abierta y teniendo en cuenta que no era demasiado alta, podría alcanzarla de un salto, agarrarse al alféizar e impulsarse hacia dentro. Con la táctica de juego en mente salió del cobertizo y echó a correr. A punto estaba de llegar a la ventana cuando…

– ¡Manos arriba! – la pareja de policías apareció ante él apuntándole con sus armas y cortándole el paso.

El ladrón hizo un amago de disparar cuando se percató de que había olvidado la pistola en el interior del cobertizo.

-¡He dicho que manos arriba o abro fuego! – sentenció el policía más rollizo.

Resignado se tiró de rodillas al suelo y levantó las manos. El dolor de la herida al chocar  con la tierra no fue nada comparado con la frustración que sintió por haber perdido la partida.

-Jaque mate – dijo triunfal el otro policía mientras le colocaba las esposas alrededor de sus delgadas muñecas.

El ladrón se levantó del suelo con dificultad y caminó custodiado por los agentes rumbo a la cárcel.

-Ahora te pudrirás entre rejas ¡ja ja ja ja!

La rabia que le suscitó el malintencionado comentario hizo que las mejillas se le pusieran coloradas como tomates. Intentó zafarse de las manos de los policías, pero éstos le tenían bien sujeto y apenas tuvieron que hacer un ligero esfuerzo para contenerlo de nuevo. “Ojalá hubiera tenido la pistola”, se lamentó para sus adentros. Las primeras gotas de lluvia cayeron como chispitas sobre sus coronillas. El soplido del aire les trajo de pronto el rumor de una voz familiar.

-¡Chicos entrad en casa que está empezando a llover! ¡Hay tarta de limón para merendar!

Los policías tiraron las armas al suelo y liberaron al ladrón de las esposas de plástico. Los tres hombrecitos echaron a correr por el jardín hacia la casa, atraídos por la idea de hincar el diente al pastel. La merienda propició una dulce tregua entre ellos que finalizaría cuando se reanudara el juego. El bandido arrestado pero no vencido, saboreaba su pedacito de tarta de limón mientras mentalmente preparaba la revancha.

Diana Fe ©

Un comentario en “Polis y cacos

  1. ¡Que bueno Diana! ¡Está genial! Que gracia me ha hecho cuando al final descubro que eran niños. Sigue escribiendo, está visto que esto es lo tuyo, te lo digo yo. Un besazo Maite

    Por cierto, que antipático es wordpress, llevo un rato queriendo poner el comentario en el blog y como no recuerdo la contraseña solicito otra y vaya lio.

    Le gusta a 1 persona

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